Diario Córdoba, 31-12-2011
El balance del año 2011 no es
especialmente positivo al menos en lo que respecta al ámbito económico. A nivel
nacional, el escenario macroeconómico que nos ha dejado en herencia el Gobierno
de José Luis Rodríguez Zapatero es realmente desalentador: una tasa de
crecimiento inexistente, una cifra de parados que ronda los cinco millones, un
sistema financiero que todavía está tratando de digerir la gran “bola”
inmobiliaria y una población sumida en la desconfianza y poco animada al consumo,
principal motor del PIB.
En el ámbito local las cosas
tampoco han ido como mucho hubiésemos querido; el culmen de ello fue la pérdida
de la carrera por conseguir la capitalidad cultural en 2016, finalmente ganada
por la ciudad de San Sebastián. Un hecho que, sin duda alguna, hubiese
significado para Córdoba su particular “rescate europeo” no solo por la
inyección de fondos para la promoción de iniciativas empresariales, sino
también de cara a la proyección internacional de la ciudad. Malas noticias,
pues, que se enmarcan en el fatídico escenario pintado más arriba, y que se
traduce en miles de cordobeses pasando situaciones de dificultad que realmente
nos duelen y nos indignan.
Las perspectivas para el nuevo año
no parecen muy ilusionantes; así, resulta notablemente revelador el titular
empleado por el ya tradicional especial de fin de año The world in 2012, publicado por The Economist, para referirse a nuestro país: Doleful; un término que viene a significar algo así como triste,
lúgubre, doloroso… No vamos a ponernos exquisitos con la exactitud de la
traducción: cualquiera de estas palabras es lo suficientemente gráfica para
hacernos una idea de lo que viene.
Este duro escenario que nos espera
tiene que ser afrontado con madurez. Así, en primer lugar, debemos ser
conscientes de que el mercado laboral necesita una profunda reforma, que
compete abordar al nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Como ya nos habremos
imaginado, muchas de estas medidas necesarias están cargadas de un alto nivel
de impopularidad: congelación de salario mínimo, legislación del contrato único
(que, dicho sea de paso, es la regla que en la práctica rige nuestra escasa
contratación actual), copago u otras reglas de compensación sanitaria, etc.
Unas medidas que probablemente traigan aparejados descontento y más de una
huelga convocada por los sindicatos, pero que han de tomarse sin caer en
populismos que se alejan de la realidad de la situación.
Estas reformas han de responder,
pues, a un ejercicio de responsabilidad con las que se debe proteger al sector
más débil de la sociedad: un sector que en esta ocasión no es otro que el de
los parados. Por que la austeridad ha de pedirse a empresarios, a través de
esfuerzos que se traducen en impuestos, a trabajadores (porque tristemente son
unos “privilegiados” en nuestro país), que han de moderar su consumo para
ajustarlo a niveles algo más austeros, y al sector público, mediante recortes
en aquellos ámbitos donde se estime que existen ineficiencias.
En segundo lugar, debemos de
empezar a tomar las decisiones de futuro con más cabeza que corazón. Muchos de
los jóvenes cordobeses nos vemos obligados a buscar oportunidades fuera de la
provincia, bien en otras zonas menos castigadas de nuestro país, bien más allá
de nuestras fronteras. No podemos arrugarnos ante estas situaciones que nos
exigen salir, aun sabiendo que aquí dejamos las personas que queremos y la
tierra que nos identifica: estas decisiones han de ser tomadas desde la
responsabilidad, sabiendo que en muchos casos es la salida responsable que
podemos encontrar para “arrimar el hombro” en nuestros hogares.
Por último, tenemos que
esperanzarnos en encontrar en el sector turístico el impulso que nos saque del “atolladero”
a medio plazo, aprovechando la recuperación de algunos de los países avanzados
y la bonanza asiática. El programa cultural de la ciudad sigue siendo, haya o
no capitalidad, uno de los más atractivos a nivel europeo e internacional.
Ahora el objetivo es que ningún ciudadano europeo o asiático que se plantea
visitar España quede ajeno a la oferta presentada por Córdoba. Para ello, amén
de la promoción institucional oportuna, aquellos que vivimos fuera debemos ser
los grandes estandartes que impulsen y animen a las personas de nuestro entorno
a visitar la ciudad de la que nos sentimos orgullosos.

2 comentarios:
También en mi opinión Córdoba contaba con muchísimos más méritos que las otras ciudades candidatas para hacerse con la capitalidad europea de la cultura... En fin, esperemos que para el 2016 haya amainado la crisis y al menos podamos ir el verano de ese año a darnos un bañito en la Concha y disfrutar de unos pintxos en toda regla... (aunque para merendar se tomase membrillo de Puente Genil, lo cual sería una dulce venganza...).
No he oído hablar ahí de medidas para evitar otras crisis y salir de paso de ésta a la que nos han metido.
Esto es, mayor control del mercado bursátil, seguramente con mayores impuestos para los que especulan. Mayor control del sector bancario, restringiendo sueldos en cajas públicas y aumentando los impuestos al único sector que sigue teniendo beneficios multimillonarios. Creación de la banca pública, información a todos los ciudadanos de la misma y de que no se volverá a salvar un banco privado con el erario público. Reducción de los salarios de los representantes, osease, predicar con el ejemplo. Invertir en I+D+i, ya que sin ideas no hay movimiento, además de que serviría para dar salida a todos esos jóvenes formados. Reducción o eliminación del presupuesto destinado a la iglesia (cáritas que reciba como ONG, no como parte de la iglesia). Perseguir más el fraude fiscal y tomar medidas junto a Europa para eliminar los paraísos fiscales o la salida de dinero a los mismos. Mayor control de los gobiernos autonómicos (algo que ya han hecho) y mayor inversión en educación. No puede ser que un presidente de una C.A. haya robado a expuertas y la población le vuelva a votar, eso no cabe más que en la cabeza del ignorante o del necio.
De la reforma laboral ni idea, pero me temo que va a ser lo que todos sabemos, aprovechar la coyuntura para dejar medidas favorables para el gran empresario en contra del trabajador que tantos años luchó por sus derechos. Digo yo, sin saber mucho o nada, si el problema es que no hay trabajo, qué más dará la variación en los tipos de contrato? solo será un maquillaje que pique en los ojos del trabajador.
Después de todas estas medidas, si quieren que suban el IRPF tal como han subido, con porcentaje progresivo según renta, a mi me parece bien, siempre lo he dicho. Pero no olvidemos, siempre de hacer primero todo lo anterior y de que ese dinero recaudado se mueva honesta e inteligentemente, no vaya a ser que hagamos aeropuertos, planes E o cualquier otra tontería.
Por cierto, podíamos darles más confianza política a todos esos jóvenes brillantes que tienen que salir en busca de empleo a su altura, esos jóvenes que revolucionan el mundo con sus frescas ideas. Qué bien nos iría con más gente creativa y menos carcamal.
Un saludo Raúl
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