Como viene siendo habitual en este espacio cibernético,
llegadas estas fechas detenemos por un momento el júbilo propio de las fiestas
navideñas (quizás, las más austeras de los últimos años para muchos
conciudadanos) para tratar de plantear, con la cabeza lo más fría posible, el
escenario económico con el que nos encontraremos los españoles durante el año
que recién estrenamos.
A la hora de definir este escenario, resulta notablemente
revelador el titular empleado por el ya tradicional especial de fin de año The world in 2012, publicado por The Economist, para referirse a nuestro
país: Doleful; un término que viene a
significar algo así como triste, lúgubre, doloroso… No vamos a ponernos
exquisitos con la exactitud de la traducción: cualquiera de estas palabras es
lo suficientemente gráfica para hacernos una idea de lo que viene. El propio artículo
reconoce una líneas más abajo que, literalmente, a España le espera un 2012
duro.
Efectivamente, durante los 12 próximos meses no se espera
ningún milagro económico español ni nada por el estilo; si bien es verdad que
para el trimestre que viene Luis de Guindos ya ha anunciado una nueva recesión,
las previsiones hacen pensar que España remontará en la segunda mitad del
ejercicio, estimándose que puede terminar el año con alguna anecdótica décima
en positivo. La situación fiscal parece que va en camino de la mejoría, y las
nuevas reglas impuestas por la cumbre de Bruselas así como la reforma
constitucional hacen pensar que el desequilibrio presupuestario será tomado con
la seriedad que corresponde, siempre que la contención sea llevada a cabo paralelamente
también por los Gobiernos autonómicos (y asumiendo que las dichas medidas no se
queden solamente en el papel, como ya ha ocurrido otras veces).
Pero el tema que será sin duda el caballo de batalla para
los dirigentes de nuestro país es el desempleo; la situación en la que se encuentra
España en este ámbito, como citó S.M. El Rey en su discurso navideño, es
“moralmente inasumible”, tal y como este blog ha denunciando en no pocas
ocasiones. Por que hablar de desempleo no es discutir sobre un dato
macroeconómico más: detrás de la cifra que asciende a casi 5 millones de
parados hay rostros, hay familias que ven como sus fuentes de ingresos se
agotan y necesitan cada vez más de la benevolencia social.
El nuevo Gobierno del Partido Popular, liderado por
Mariano Rajoy, debe tener como prioridad atajar esta hemorragia de parados. La
ansiada alternancia política, que viene a sustituir a un ejecutivo inoperante,
notoriamente superado por la situación, carente de ideas y rico en
improvisación legislativa, debe proponer una hoja de ruta clara, a seguir sin
rodeos, y fijada por asesores expertos en materia económica. Un plan en el que
no puede faltar, de manera alguna, una reforma laboral de gran calado, que
permita flexibilizar el mercado laboral, así como un replanteamiento de la
legislación de las entidades financieras que ponga fin al nudo inmobiliario que
existe en sus balances.
Como ya nos habremos imaginado, muchas de estas medidas
que el nuevo Gobierno debe implantar están cargadas de un alto nivel de
impopularidad: congelación de salario mínimo, legislación del contrato único
(que, dicho sea de paso, es la regla que en la práctica rige nuestra escasa
contratación actual), copago u otras medidas de compensación sanitaria, etc.
Unas medidas que probablemente traigan aparejadas descontento y, probablemente,
más de una huelga promovida por sindicatos, pero que han de tomarse sin caer en
populismos que se alejan de la realidad de la situación.
Estas reformas han de responder, pues, a un ejercicio de
madurez con las que se debe proteger al sector más débil de la sociedad: un sector
que en esta ocasión no es otro que el de los parados (esos a los que los
sindicatos nunca protegerán). Por que la austeridad ha de pedirse a
empresarios, a través de esfuerzos que se traducen en impuestos y menos ayudas,
a trabajadores (porque tristemente son unos “privilegiados” en nuestro país),
que han de moderar su consumo para ajustarlo a niveles algo más austeros, y al
sector público, mediante recortes en aquellos ámbitos donde se estime que
existe ineficiencia.
Una vez hechos los deberes, debemos de buscar sectores en
los que encontrar la senda positiva al menos a medio plazo; así, aprovechando
que la recuperación del resto de países y la bonanza asiática, no debemos descartar
utilizar el turismo que, como ya ocurrió en los años sesenta, nos sirva de
palanca para impulsar la actividad. Debemos aprovechar para ello la posición geográfica
de nuestro país (sol y playa), la gran y diversa oferta cultural y las
inmejorables infraestructuras que tenemos de cara a atraer visitantes.
En suma, no nos queda otra que poner esperanzas en que el
programa de reformas de Mariano Rajoy desengrase el anquilosamiento laboral y
financiero que padece nuestra economía, y en animarnos a vender la marca España
allende las fronteras como impulso para salir del atolladero. La propia austeridad
que vamos a vivir todos los españoles (al menos una gran mayoría) debe de valer
como suficiente escarmiento para que en el futuro las reformas se hagan a
tiempo y nuestro crecimiento pueda basarse en motores de competitividad e
innovación.
¡FELIZ AÑO 2012!


1 comentarios:
Excelente entrada que abarca en pocas líneas la perspectiva general de nuestro país para este 2012 recién estrenado.
Para el nuevo año recomiendo y me propongo personalmente estimular la economía nacional y mundial duplicando el consumo de cerveza; ya española, ya de importación. Puede que a escala macroeconómica resulte insignificante, pero seguro que nos ayuda a afrontar con mejor sentido del humor y buena cara la crisis que nos afecta...
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