lunes 2 de enero de 2012

ESPAÑA EN EL 2012

Como viene siendo habitual en este espacio cibernético, llegadas estas fechas detenemos por un momento el júbilo propio de las fiestas navideñas (quizás, las más austeras de los últimos años para muchos conciudadanos) para tratar de plantear, con la cabeza lo más fría posible, el escenario económico con el que nos encontraremos los españoles durante el año que recién estrenamos.

A la hora de definir este escenario, resulta notablemente revelador el titular empleado por el ya tradicional especial de fin de año The world in 2012, publicado por The Economist, para referirse a nuestro país: Doleful; un término que viene a significar algo así como triste, lúgubre, doloroso… No vamos a ponernos exquisitos con la exactitud de la traducción: cualquiera de estas palabras es lo suficientemente gráfica para hacernos una idea de lo que viene. El propio artículo reconoce una líneas más abajo que, literalmente, a España le espera un 2012 duro.

Efectivamente, durante los 12 próximos meses no se espera ningún milagro económico español ni nada por el estilo; si bien es verdad que para el trimestre que viene Luis de Guindos ya ha anunciado una nueva recesión, las previsiones hacen pensar que España remontará en la segunda mitad del ejercicio, estimándose que puede terminar el año con alguna anecdótica décima en positivo. La situación fiscal parece que va en camino de la mejoría, y las nuevas reglas impuestas por la cumbre de Bruselas así como la reforma constitucional hacen pensar que el desequilibrio presupuestario será tomado con la seriedad que corresponde, siempre que la contención sea llevada a cabo paralelamente también por los Gobiernos autonómicos (y asumiendo que las dichas medidas no se queden solamente en el papel, como ya ha ocurrido otras veces).

Pero el tema que será sin duda el caballo de batalla para los dirigentes de nuestro país es el desempleo; la situación en la que se encuentra España en este ámbito, como citó S.M. El Rey en su discurso navideño, es “moralmente inasumible”, tal y como este blog ha denunciando en no pocas ocasiones. Por que hablar de desempleo no es discutir sobre un dato macroeconómico más: detrás de la cifra que asciende a casi 5 millones de parados hay rostros, hay familias que ven como sus fuentes de ingresos se agotan y necesitan cada vez más de la benevolencia social.

El nuevo Gobierno del Partido Popular, liderado por Mariano Rajoy, debe tener como prioridad atajar esta hemorragia de parados. La ansiada alternancia política, que viene a sustituir a un ejecutivo inoperante, notoriamente superado por la situación, carente de ideas y rico en improvisación legislativa, debe proponer una hoja de ruta clara, a seguir sin rodeos, y fijada por asesores expertos en materia económica. Un plan en el que no puede faltar, de manera alguna, una reforma laboral de gran calado, que permita flexibilizar el mercado laboral, así como un replanteamiento de la legislación de las entidades financieras que ponga fin al nudo inmobiliario que existe en sus balances.

Como ya nos habremos imaginado, muchas de estas medidas que el nuevo Gobierno debe implantar están cargadas de un alto nivel de impopularidad: congelación de salario mínimo, legislación del contrato único (que, dicho sea de paso, es la regla que en la práctica rige nuestra escasa contratación actual), copago u otras medidas de compensación sanitaria, etc. Unas medidas que probablemente traigan aparejadas descontento y, probablemente, más de una huelga promovida por sindicatos, pero que han de tomarse sin caer en populismos que se alejan de la realidad de la situación.

Estas reformas han de responder, pues, a un ejercicio de madurez con las que se debe proteger al sector más débil de la sociedad: un sector que en esta ocasión no es otro que el de los parados (esos a los que los sindicatos nunca protegerán). Por que la austeridad ha de pedirse a empresarios, a través de esfuerzos que se traducen en impuestos y menos ayudas, a trabajadores (porque tristemente son unos “privilegiados” en nuestro país), que han de moderar su consumo para ajustarlo a niveles algo más austeros, y al sector público, mediante recortes en aquellos ámbitos donde se estime que existe ineficiencia.

Una vez hechos los deberes, debemos de buscar sectores en los que encontrar la senda positiva al menos a medio plazo; así, aprovechando que la recuperación del resto de países y la bonanza asiática, no debemos descartar utilizar el turismo que, como ya ocurrió en los años sesenta, nos sirva de palanca para impulsar la actividad. Debemos aprovechar para ello la posición geográfica de nuestro país (sol y playa), la gran y diversa oferta cultural y las inmejorables infraestructuras que tenemos de cara a  atraer visitantes.

En suma, no nos queda otra que poner esperanzas en que el programa de reformas de Mariano Rajoy desengrase el anquilosamiento laboral y financiero que padece nuestra economía, y en animarnos a vender la marca España allende las fronteras como impulso para salir del atolladero. La propia austeridad que vamos a vivir todos los españoles (al menos una gran mayoría) debe de valer como suficiente escarmiento para que en el futuro las reformas se hagan a tiempo y nuestro crecimiento pueda basarse en motores de competitividad e innovación. 


¡FELIZ AÑO 2012!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente entrada que abarca en pocas líneas la perspectiva general de nuestro país para este 2012 recién estrenado.
Para el nuevo año recomiendo y me propongo personalmente estimular la economía nacional y mundial duplicando el consumo de cerveza; ya española, ya de importación. Puede que a escala macroeconómica resulte insignificante, pero seguro que nos ayuda a afrontar con mejor sentido del humor y buena cara la crisis que nos afecta...