sábado 26 de noviembre de 2011

REGALOS NAVIDEÑOS Y EL EFECTO SEÑALIZACIÓN

Se respira ambiente pre-navideño; como cada año, cuando el mes de noviembre se acerca a su fin, toca hacer un alto en la labor diaria para comenzar a organizar comidas con los amigos y coincidentes laborales, a buscar billetes de tren o avión para regresar a casa, a pensar en el menú que se ofrecerá a nuestros familiares en las cenas de los días más señalados… Pero hay algo más que se hace necesario pensar al llegar estas fechas, y que sin duda trae quebraderos de cabeza a más de uno: ¡regalos!

Hacer regalos puede llegar a ser una tarea verdaderamente tediosa; ello requiere de hacer un esfuerzo en múltiples variables: tanto en tiempo, en el que se incluye el pensar e indagar que le gustaría recibir a la otra parte y el de desplazarnos a los comercios para buscarlo; como en dinero, ya que, como resulta obvio (salvo que se trate de un regalo “homemade” o casero, para los menos duchos en el idioma anglosajón) hay que pagar por el mismo. Este coste que conlleva muchas veces resulta infructífero, ya que puede que a la otra parte no le guste el propio obsequio o quizás porque ya dispone de un artículo muy similar.

La pregunta que planteo al lector es la siguiente: ¿por qué existen entonces los regalos? En términos económicos es posible razonar que lo más eficiente en caso de tener el compromiso de regalar algo a alguien es simplemente darle dinero, ya que con ello, por un lado evitamos los “costes de búsqueda” y por otro lado sabemos que con esa cantidad la parte obsequiada puede adquirir cualquier objeto que desee o necesite, por lo que desaparece la posible ineficiencia derivada de un regalo no deseado.

El razonamiento de su existencia, ciertamente, hay que buscarlo con otros argumentos que se alejan de la pura eficiencia. Cuando nos enfrentamos al dilema “¿qué regalo compró?” en el fondo asistimos a un escenario de información asimétrica: no sabemos que es lo que subjetivamente valora más la otra parte. Sin embargo, es una asimetría que se puede reducir: para ellos basta con enterarse bien de los gustos de la otra persona, de conocer sus intereses, sus aficiones, su forma de ser, etc; y una vez conocido esto, es preciso comenzar una búsqueda para encontrar el objeto que mejor se adecúe a todos esos factores. Así, cuando un regalo es acertado se está mandando una señal a la persona obsequiada de que realmente nos hemos preocupado por ella y de que nos importa lo que quiere. Es esa reducción de la información asimétrica, propia de entornos de amistad y compañerismo, lo que verdaderamente valorará la contraparte, ya que se traducirá en un regalo que se adecúa a lo que desea.

Otro argumento habitual en la literatura económica (al menos en la más amena) es el siguiente: los regalos son objetos que una persona con su propio dinero no se compraría. Efectivamente, nadie con su sueldo mensual estaría dispuesto a “ir de tiendas” simplemente a buscarse un regalo para sí: más bien uno sale a buscar lo que necesita, ya que de lo contrario estaríamos actuando de una manera un tanto “egocéntrica”. Es por ellos que regalar dinero imposibilita para obtener esos “caprichillos” que solo obtenemos cuando alguien nos los obsequia.

Algunos comercios, de manera inteligente, han optado por una solución salomónica ofertando los llamados “cheques regalo”, mediante los cuales la persona que los recibe puede adquirir el producto que quiera en la tienda en cuestión, siempre que no sea superado el límite cuantitativo de dicho cheque. Una solución inteligente para los casos de puro compromiso, pero que no evita del todo el hecho de que se trate de una solución “pobre” como regalo para una persona más cercana; al fin y al cabo, si alguien nos importa de verdad se merece que le dediquemos aquello que más valor tiene para una persona: tiempo. 


4 comentarios:

mbuenest dijo...

Pienso que el regalo de navidad ha perdido , en parte su sentido. Cuando teníamos carencias este regalo era muy esperado y siempre bien venido.Hoy, estamos prácticamente todo el año regalando y regalandonos , con lo que el efecto " deseo" ha desaparecido.
Desde la óptica de una familia media se plantean un par de problemas. De una parte, como ya he dicho , tenemos mucho más de lo que necesitamos para vivir bien , es muy complicado encontrar el objeto adecuado. Por otro lado los recursos para el regalo son limitados y no queremos equivocarnos en la elección. A esto tenemos que sumar la " prima de navidad" que pagamos por comprar justo antes de las fiestas y no después.
Por todo esto muchas veces se tiene la sensación de haber perdido ,no tanto el tiempo dedicado como el dinero invertido.

Anónimo dijo...

Hace poco hablaba con alguien de la dicotomía tiempo-dinero... Y es cierto, en una época en que la economía no parece salir de nuestras portadas de noticas, quizás el tiempo vuelva a primar en nuestras vidas.

Anónimo dijo...

En coherencia con los principios de la economía neoclásica, el tiempo invertido -por seguir con el ejemplo- en la búsqueda y compra de los regalos también es susceptible de valorarse económicamente. ¿A cuánto la hora? En buena lógica, el valor aumenta proporcionalmente según la necesidad de demostrar la amistad.
En efecto, la conclusión muestra que no todas las realidades humanas son susceptibles de tal interpretación economicista: la racionalidad en la que radica la teoría económica clásica no puede dar una respuesta a la integridad de los fenómenos humanos. Sólo nos queda expandir ese criterio de racionalidad e inscribirlo en una más amplia "weltanschauung" -por decirlo en la lengua de la Sra. Merkel, que siempre suena más resultón...-

Antonio dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo! Es cierto, el tema este de los regalos en navidad... Se hace casi tarea imposible. Y lo más curioso es que según las encuentas, en la mayoría de los casos, los regalos NO son los acertados. Y si en realidad nos importan las personas a las que vamos a regalar, pues la mejor idea es como bien dices, dedicarle TIEMPO.