miércoles 21 de septiembre de 2011

EL ALARMISMO DE LA CRISIS EUROPEA


Sobre la crisis económica actual, a estas alturas, parece que queda poco más que decir; opiniones de expertos, charlas, debates, conferencias, libros, clases magistrales… Pero muchas veces lo que le queda al ciudadano de “a pie” suelen ser las opiniones más sonaras e impactantes que, generalmente suelen ser las más negativas. Sin ir más lejos, hace un par de días un compañero de piso devoto de las ciencias naturales me preguntaba si Europa va a “petar” y si el euro realmente oída desaparecer como muchas voces han propuesto. Varias cosas hay que matizar en todo esto.

En primer lugar, y tal y como todos sabemos, las cosas están bastante mal. En Europa, especialmente en los denominados países periféricos, se están aplicando multitud de recortes presupuestarios tanto en el sector público como en el privado, lo que se traduce en un empeoramiento de la sociedad, en especial de las capas más vulnerables (ej. trabajadores de baja cualificación, personas dependientes de la Seguridad Social, etc.).

Todo esto puede conllevar a una espiral negativa que realmente mine en profundidad la economía de un país. Esta espiral, que puede llegar a ser insostenible, es lo que puede producir que un país “pete”, como comentaba mi colega. El problema surge cuando la gente piensa que el hecho de que un país llegue a “petar” económicamente implica que una no pueda salir a la calle, que se declare el estado de guerra, que los adoquines de la calle comiencen a explotar… El mundo no se va a acabar (al menos no por un problema económico); si un país queda paralizado por una grave situación de sus finanzas podrán existir restricciones, escasez, pérdida de comodidades o duros ajustes. Pero de este panorama, a pensar que todos vamos a salir volando por los aires hay una diferencia que salta a la vista.

La segunda idea, tal y como se ha adelantado, tiene que ver con la situación de la moneda única. No son pocas las personas que, como mi compañero, contemplan la idea de que en algún momento no muy lejano el euro se “irá al garete”, debiendo así volver a la peseta como unidad de cuenta nacional.

La implantación del euro fue un proceso largo, planificado y laborioso. Ello requirió de un esfuerzo por parte de todos los agentes económicos, desde las familias que tuvieron que comenzar a pensar en la nueva moneda, hasta las empresas que debieron de cambiar todo el sistema contable, pasando por los bancos (que jugaron un papel muy importante en la distribución) y por el mismo Gobierno, que tuvo un papel clave en su impulso social.

Ahora piénsese en el mismo proceso, pero al revés. Habría que planificar la impresión de pesetas, avisar a los agentes económicos para que vayan adaptándose, ponerse de acuerdo con las instituciones financieras, etc. Como se ve, no es un proceso que pueda ocurrir de la noche a la mañana. Y como tal, es imposible plantar un escenario de retorno a la peseta sin que se produzca un colapso del sistema nacional, puesto que todo el mundo preferiría quedarse con el euro (que seguiría siendo la divisa de países como Alemania y, por lo tanto, sería una moneda fuerte) y no cambiar a las pesetas, que pasaría a verse como la moneda de un país tan débil que no ha sido capaz de aguantar el ritmo impuesto por las locomotoras del viejo continente.

En definitiva, el retorno a la peseta (o al dracma) provocaría un escenario aun más insostenible que no haría sino agravar la situación de unos ciudadanos ya de por si afectados. Es por ello que, por el bien de todos, no queda otra alternativa que remar en la misma dirección para tratar de mantener al euro y a la eurozona como regiones que, en un futuro (esperemos que tampoco sea muy lejano) vuelva a tener prosperidad y crecimiento económico.


2 comentarios:

mbuenest dijo...

Bueno que no petamos pero vamos a tenernos que ajustar el cinturon! Parece que aún no nos hemos acabado de enterar.

Anónimo dijo...

¿La peseta? Sólo para los nostálgicos, gracias. Cuando podías comprar un chicle por un duro (de esos que servían también para herir a distancia a un árbitro injusto con una buena relación calidad-precio) y un piso por decenas de millones. "Peseta" suena ya hoy a república bananera... En efecto, no cabe otra posibilidad que remar en la dirección que marquen los eurograndes. Que nos salven de nosotros mismos.