Sobre la crisis económica actual, a estas alturas, parece
que queda poco más que decir; opiniones de expertos, charlas, debates,
conferencias, libros, clases magistrales… Pero muchas veces lo que le queda al
ciudadano de “a pie” suelen ser las opiniones más sonaras e impactantes que,
generalmente suelen ser las más negativas. Sin ir más lejos, hace un par de
días un compañero de piso devoto de las ciencias naturales me preguntaba si
Europa va a “petar” y si el euro realmente oída desaparecer como muchas voces
han propuesto. Varias cosas hay que matizar en todo esto.
En primer lugar, y tal y como todos sabemos, las cosas
están bastante mal. En Europa, especialmente en los denominados países
periféricos, se están aplicando multitud de recortes presupuestarios tanto en
el sector público como en el privado, lo que se traduce en un empeoramiento de
la sociedad, en especial de las capas más vulnerables (ej. trabajadores de baja
cualificación, personas dependientes de la Seguridad Social, etc.).
Todo esto puede conllevar a una espiral negativa que
realmente mine en profundidad la economía de un país. Esta espiral, que puede
llegar a ser insostenible, es lo que puede producir que un país “pete”, como
comentaba mi colega. El problema surge cuando la gente piensa que el hecho de
que un país llegue a “petar” económicamente implica que una no pueda salir a la
calle, que se declare el estado de guerra, que los adoquines de la calle
comiencen a explotar… El mundo no se va a acabar (al menos no por un problema
económico); si un país queda paralizado por una grave situación de sus finanzas
podrán existir restricciones, escasez, pérdida de comodidades o duros ajustes.
Pero de este panorama, a pensar que todos vamos a salir volando por los aires
hay una diferencia que salta a la vista.
La segunda idea, tal y como se ha adelantado, tiene que
ver con la situación de la moneda única. No son pocas las personas que, como mi
compañero, contemplan la idea de que en algún momento no muy lejano el euro se
“irá al garete”, debiendo así volver a la peseta como unidad de cuenta
nacional.
La implantación del euro fue un proceso largo, planificado
y laborioso. Ello requirió de un esfuerzo por parte de todos los agentes
económicos, desde las familias que tuvieron que comenzar a pensar en la nueva
moneda, hasta las empresas que debieron de cambiar todo el sistema contable,
pasando por los bancos (que jugaron un papel muy importante en la distribución)
y por el mismo Gobierno, que tuvo un papel clave en su impulso social.
Ahora piénsese en el mismo proceso, pero al revés. Habría
que planificar la impresión de pesetas, avisar a los agentes económicos para
que vayan adaptándose, ponerse de acuerdo con las instituciones financieras,
etc. Como se ve, no es un proceso que pueda ocurrir de la noche a la mañana. Y
como tal, es imposible plantar un escenario de retorno a la peseta sin que se
produzca un colapso del sistema nacional, puesto que todo el mundo preferiría
quedarse con el euro (que seguiría siendo la divisa de países como Alemania y,
por lo tanto, sería una moneda fuerte) y no cambiar a las pesetas, que pasaría
a verse como la moneda de un país tan débil que no ha sido capaz de aguantar el
ritmo impuesto por las locomotoras del viejo continente.
En definitiva, el retorno a la peseta (o al dracma)
provocaría un escenario aun más insostenible que no haría sino agravar la situación
de unos ciudadanos ya de por si afectados. Es por ello que, por el bien de
todos, no queda otra alternativa que remar en la misma dirección para tratar de
mantener al euro y a la eurozona como regiones que, en un futuro (esperemos que
tampoco sea muy lejano) vuelva a tener prosperidad y crecimiento económico.


2 comentarios:
Bueno que no petamos pero vamos a tenernos que ajustar el cinturon! Parece que aún no nos hemos acabado de enterar.
¿La peseta? Sólo para los nostálgicos, gracias. Cuando podías comprar un chicle por un duro (de esos que servían también para herir a distancia a un árbitro injusto con una buena relación calidad-precio) y un piso por decenas de millones. "Peseta" suena ya hoy a república bananera... En efecto, no cabe otra posibilidad que remar en la dirección que marquen los eurograndes. Que nos salven de nosotros mismos.
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