Diario Córdoba, 20-8-2011
Sin duda alguna, la visita de su santidad el Papa Benedicto XVI a la capital de España ha traído toda una oleada de júbilo y fe para millones de jóvenes de todo el mundo reunidos en cordial convivencia en torno a las creencias profesadas por la religión católica. Un evento verdaderamente histórico, que ha hecho posible que muchos españoles nos demos cuenta de que pueden venir grandes masas de jóvenes extranjeros a España a algo más que a “hacer botellón”.
La visita, sin embargo, no ha estado exenta de polémica; uno de los principales ejes del desconcierto ha sido provocado por las intervenciones policiales tras los disturbios que a su paso ha generado la denominada “marcha laica”, que parece ser que no ha encontrado más lugares en España y horas en el año para proclamar la implantación de un Estado laico en detrimento de la aconfesionalidad que defiende nuestra actual y consensuada Constitución.
Amén de estas cuestiones, la visita de Benedicto XVI ha vuelto ha traer a las bocas de muchos de estos “indignantes” viejos argumentos en contra de los bienes eclesiásticos; oímos como estos manifestantes reclaman en determinados medios de comunicación que cómo es posible que se organice un evento de este calibre con el hambre que pasan miles de personas o que por qué no se venden las posesiones en el Vaticano y se manda todo lo recaudado al tercer mundo. Unos argumentos alimentados aun más por los tristes y graves sucesos de hambruna que se están viviendo actualmente en el denominado “cuerno de África”.
Generalmente, los que utilizan esta clase de argumentos suelen tener un notable desconocimiento en historia económica reciente. En el siglo XX, los países avanzados tomaron conciencia de que en el mundo existe una grave lacra: la pobreza. Ante ello, comenzaron una serie de iniciativas solidarias mediante las cuales recaudaban fondos que se destinarían a ayuda al tercer mundo. Todas estas iniciativas, de entre las que destacan el conocido como “objetivo 0,7”, no han contribuido de manera alguna a paliar los problemas que a día de hoy siguen existiendo en África, Asia e Hispanoamérica. Es más, no son pocas las instituciones de investigación en economía -entre las que destaca, por ejemplo, el Development Research Institute, en Nueva York- que ponen de manifiesto que pese al “boom” de ayudas a países africanos que se viene produciendo desde la década de los setenta, la renta per cápita de dichos países ha ido descendiendo progresivamente año tras año. Estas ideas son igualmente compartidas por Xavier Sala-i-Martín, uno de los mejores economistas a nivel nacional, especializado en crecimiento y desarrollo y altamente implicado en la economía del continente africano; según indica el mismo, en su obra Pues yo lo veo así, “la ayuda económica masiva llevada a cabo durante las últimas décadas ha fracasado”.
Estas ideas, que solo son mencionadas aquí de forma muy somera pero que encuentran su respaldo en numerosos estudios económicos, parecen no importar a los que siguen esgrimiendo la venta del Vaticano como solución a la pobreza del mundo. Pues bien, de la misma forma que los fondos solidarios que los países han enviado todos estos años no han servido sino para enriquecer a la clase política corrupta de los países subdesarrollados a la par que se acentúan las miserias de la población, los fondos que se obtengan de esa supuesta “subasta de San Pedro” no serán la varita mágica que traiga el fin del hambre en el mundo.
Los bienes de la Iglesia Católica están puestos al servicio de la fe y de los creyentes, y su venta para ayudar a África no supondría otra cosa que seguir alimentando la miseria que estos países vienen padeciendo desde años atrás. Culpen a los políticos, a la corrupción, a la falta de insolidaridad, a la poca implicación de los economistas, etc. Pero como me decía hace unos días una persona allegada: ¿qué tendrá que ver el Papa con lo que está pasando en el Cuerno de África? Yo al menos lo desconozco.

2 comentarios:
Buen Post Raul. Quizá esto aclare algo más al lector sobre las funciones de la Iglesia en la sociedad y le haga descubrir que no somos tan malos como nos pintan.
Un abrazo desde Jaén!
http://loquenosesueledecir.es/2009/05/15/la-iglesia-y-el-sida/
Guau! Qué clarividencia. Se echa de menos al hojear la prensa encontrar algo sobre las muchas iniciativas personales que cristianos normales y corrientes emprenden para paliar en la medida de sus posibilidades esas desgracias. Por no hablar de las que posee la Iglesia institucionalmente... En fin, no hay peor sordo que el que no quiere oír...
Felicidades al autor de este blog, que es fenomenal.
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