Desde que comenzó la crisis hace ya algún tiempo, uno de los sectores que ha enfocado más la atención es sin duda alguna el financiero; no han sido pocos los que han señalado a los bancos españoles como los culpables de la situación que estamos padeciendo ahora los ciudadanos, mediante su voraz e insaciable ansia de poder económico a través de la continua búsqueda del beneficio y del crecimiento empresarial. Entre los detractores de las entidades crediticias se han situado especialmente los integrantes del movimiento denominado 15-M, cuyas quejas aparecen ahora respaldadas por el Gobierno que ha propuesto en estos días la creación de un impuesto específico para los banqueros.
A todo este movimiento que señala a las entidades financieras como culpables, yo personalmente me uno: la banca es culpable; ahora bien, tan culpable como su supervisor, esto es, el Banco de España, y como el resto de la ciudadanía. Podemos verlo con un paralelismo: situémonos en un clase de chavales jóvenes e inmaduros (pongámosle 12 años). A uno de ellos se le ocurre la idea de hacer bolas de papel, con la idea de decirle a otro estudiante de su clase que mientras la profesora explica la lección este las lance a otros compañeros. Este, inducido por el creador de las bolas y del plan, comienza la gamberrada; y ante ello, la profesora permanece impasible y ajena. ¿Resultado final? Al cabo de unos dos o tres días la clase entera acaba haciendo bolas de papel y lanzándolas a su antojo. En definitiva, un desmadre ante el que la profesora ya no sabe que hacer.
En nuestro pequeño ejemplo, ¿quién es el culpable? Desde luego, el chaval que empezó con la idea e indujo a la gamberrada lo es; pero de la misma forma son culpables tanto los que de facto lanzan las bolas, como la profesora, que no ha hecho nada desde el inicio para evitar el desmadre.
Creo que esta analogía puede evidenciar lo que ha ocurrido en España: los bancos han inducido a los clientes a pedir préstamos con gran facilidad para inversión en vivienda; el ciudadano “de a pie” (movido también por el afán de riqueza, todo sea dicho) no quería ser el “tonto” que no sacase beneficio de la especulación inmobiliaria; y, por último, el Banco de España ha permanecido impasible ante la laxitud del crédito. ¿Resultado final? A la vista esta.
Ante ello, uno de las medidas que han propuesto los denominados “indignados-acampados” (al menos ciertos sectores) es la nacionalización de la banca. Este asunto, delicado cuanto menos, merece un post completo que espero poder escribir en los próximos días. De momento debemos quedarnos con la idea de que el sector financiero es imprescindible en una economía de mercado, y de cuyo buen funcionamiento, del que es máximo responsable el Banco de España (o el correspondiente de cada país) depende el mejor o peor devenir de toda nación desarrollada.
Y, por supuesto, nunca olvidar que a todos, banqueros o no banqueros, nos gusta ganar dinero y no sentirnos que somos los únicos “tontos” que no sacamos tajada de los “chollos” (entrecomillado) que se nos presentan en forma de inversión. He aquí, pues, el verdadero principio económico: nadie de duros a pesetas.

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:)
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